EL FANTASMA DE LAS TINIEBLAS
Durante las fiestas josefinas de este año se han producido una sucesión de acontecimientos que han tenido en jaque a las Fuerzas de Seguridad del Estado. No se ha querido dar ninguna publicidad por no alarmar a la población, pero se ha comprometido gravemente la seguridad de los ciudadanos al tener que emplearse gran número de sus miembros en el esclarecimiento de estos hechos, lo que ha provocado el abandono de otras cuestiones más triviales pero no por ello menos importantes para los ciudadanos que las han sufrido. Las quejas por la escasa dedicación a hurtos y otros delitos menores han sido una constante y, como se ha ocultado el verdadero motivo de la falta de dedicación, ha habido descontento generalizado por parte de las víctimas.
En la madrugada del día 15, después de la plantá, en la falla Cura Femenina-Torróns, en el valencianísimo barrio de Russafa, el guardia jurado de un after situado en sus inmediaciones, confesó a la policía haber avistado dos figuras, concretamente la de Don Quijote y Sancho Panza, que no formaban parte del monumento, y que, por su realismo, distaban mucho del conjunto, mucho más tosco en su confección. Personados en el lugar los agentes comisionados al efecto comprobaron que las figuras cuya presencia se denunciaba habían desaparecido. Se achacó el hecho a la ingesta por parte del denunciante de algún producto alucinógeno de los que suelen abundar en establecimientos como el que custodiaba y no se concedió mayor importancia, no sin antes recomendar al vigilante que se controlase con lo que tomaba, que ya era mayorcito.
La cosa no hubiese pasado a mayores si no se hubiese recibido llamada, el día siguiente, del mantenedor de la Fallera Mayor de la comisión de Duque de Mamas y adyacentes. Aseguraba haber visto, a plena luz del día, y mientras hacía una foto a su mantenida tomando como fondo la falla, dos figuras que calcaban la imagen de Albano y Romina Power, con tal realismo que ambas bien podrían haber obtenido el premio de "ninot indultat". Al ver la fotografía en su teléfono móvil, comprobó que aquellos muñecos habían desaparecido. Ya con cierto mosqueo, los agentes desplazados le sugirieron que no se acercase con tanta asiduidad a la barra del casal. Comentario que le molestó sobremanera ya que es el único abstemio de su falla, excentricidad que llevaba muy a gala.
Aún no había abandonado la patrulla las inmediaciones de esta falla cuando se recibió aviso para que se acudieran urgentemente a la calle Torpedo de Valencia, donde, en su confluencia con la calle Submarino, en la falla allí instalada se había detectado la presencia de dos ninots, de elaboración muy distinta al resto de la composición, que presentaban una gran semejanza con Víctor Manuel y Ana Belén y que desaparecieron después de ser avistados por varios miembros de la comisión que juraron ante los agentes haber desayunado chocolate con buñuelos.
Los policías, como gente pragmática que son, acostumbrados a ver cosas raras, no quisieron concederle en un primer momento mucha importancia al asunto, pero, ante la reiteración de apariciones de figuras, todas ellas dotadas de un realismo intrigante, decidieron comunicarlo a sus superiores, quienes tampoco quisieron considerar esas apariciones como algo grave, por lo que ordenaron a sus agentes que continuasen sus servicio de seguridad ciudadana, tan en entredicho en las aglomeraciones de esos días.
Pero el día siguiente , se produjo una llamada que desbordó a los agentes. Desde la falla Matemático Neymar-Momento Jerusalén, aquella a la que pertenecen todos los prebostes de la ciudad, todos los que tienen mano en las instituciones, se comunicó que varios falleros habían visto, integrados entre las figuras del monumento, dos figuras en movimiento representando a Iñigo Onieva y Tamara Falcó. Aquello había producido inquietud porque adoptaron unas posturas subidas de tono, como obscena llegaron a calificarse, impropias de una pareja tan "fisna".
La policía empezó a estar desbordada. No se creía en absoluto que se tratase de fenómenos paranormales, pero tampoco se llegaba a atajar un fenómeno que se había extendido como la espuma por la ciudad. También se tenía la seguridad de que, por muy reales que pareciesen los intrusos, no se trataba de los originales, dado que algunos fueron localizados en sus casas, sino de copias con alta calidad. Se intentó contactar con el ya destituido D.A.O. de la Policía Nacional, sobre todo por su experiencia en escenas sexuales como la representada por los Griñon.
Por otro lado, se acercaba la fecha de de la cremá de las fallas y se desconocía si estos impostores, fantasmas o lo que fuesen eran conscientes del peligro que correrían caso de persistir en su actitud.
Se estaban empleando demasiados agentes para el esclarecimiento de estos hechos, dejando campar a sus anchas a los delincuentes comunes que se agolpaban en la ciudad en vista de su impunidad. Se llegó a pensar que este era precisamente el propósito de quien estaba protagonizando esos episodios, de los que no había precedentes.
Después de darle muchas vueltas, y después de comprobar la ineficacia policial para dar con los autores aun con el uso de los más sofisticados sistemas de investigación policial, se tuvo que recurrir al de siempre, al mayor sabueso que ha vestido el uniforme de policía: el Comisario Villarejo.
Desplazado expresamente desde Bahamas, donde reside habitualmente, se encontró nada más llegar con la nula disposición a colaborar de algunos agentes de los llamados progresistas, que nunca han compartido sus métodos de investigación.
Cuando aún se estaba calando la gorra que siempre le acompaña, recibió un chivatazo de los múltiples confidentes que siempre ha tenido. Se había visto en las inmediaciones de falla situada en la intersección de la Avenida Justo y Castor con la calle Arzobispo Salvador- curiosamente, así llamada en honor al autor de este artículo- se había visto a Pablo Motos con Leticia Sabater; al primero le delataba su suplantación el encontrarse de rodillas para parecer más convincente.
No hay nada ni nadie que se resista al gran Villarejo y sus métodos, poco ortodoxos si se quiere, pero tremendamente eficaces. Puso un billete de 500 euros cogido con un hilo, tal y como hacíamos en las broma de pequeños, los figurantes no pudieron resistir la tentación y se lanzaron a por el billete hasta darse de bruces con los zapatos del comisario. Fueron detenidos y conducidos a comisaría acusados de desórdenes públicos. Una vez filiados se comprobó que se trataba de dos viejos conocidos de las fuerzas del orden : Victor de Aldama y Leire Díez, alias la fontanera del PSOE.
👏👏👏👍👍
ResponderEliminarAgradezco el mensaje, tan lacónico como alentador
EliminarMuy original y adecuado al chisme fallero de esos dias
ResponderEliminarMuchas gracias. Prometo no hablar de fallas hasta el año que viene.
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