EL NIDO Salva M.
Este verano me ha pasado lo que tantos otros. Lo voy dejando y cuando me doy cuenta no encuentro sitio adonde ir. A última hora he recurrido a mi amigo Luis Santonja, quien de tanto utilizar agencias de viajes ha decidido montar una agencia de destinos. Nada más explicarle mi caso me ha dicho lo que ya sabía, que si estaba loco, que ya estaba todo el verano vendido desde hacía tiempo. Me marché del lugar apesadumbrado, barruntando lo que la gente iba a pensar de mí, que era un bicho raro que no veraneaba. Buscando consuelo, pregunté a varios vagabundos dónde pensaban pasar el verano y todos me contestaron que tenían contratado un viaje desde hacía tiempo, que ni de coña se quedarían pasando calor.
Cuando más desesperado estaba, recibí una llamada de mi amigo Luis. Me dijo que rebuscando en su agencia había encontrado una coqueta casita a la que nadie quería ir, que fuese para que me la enseñara en el ordenador. Acudí raudo para que nadie me chafase semejante chollo, y una vez allí me explicó que se trataba de una casita de manera, llamada El Nido, que ante la imposibilidad de encontrarle mejor ubicación, la habían situado encima de una torre de alta tensión de Iberdrola, de ahí su cuco nombre.
No voy a negar que al principio puse pegas. Que si era muy complicado acceder porque había que subir toda la torre cada vez que quería entrar a la casa, que si se trataba de una ubicación peligrosa o qué hacía yo ahí metido en lo alto de una torre eléctrica. Él me convenció diciéndome que tenía unas maravillosas vistas, que dada su altura siempre corría viento y que no tenía que pagar luz, porque estaba enganchado a los cables de la torre, por lo que podría ver gratis todos los partidos de fútbol que quisiera. Quizás que esto último es lo que hizo que me decidiese a aceptar. Luis sabe qué tecla tocar con cada cliente.
El precio no era demasiado caro en comparación con lo que había visto por ahí. Eran 235 euros la noche y me regalaba un día si le pagaba toda la semana por adelantado. No estaba excesivamente convencido, pero eso era mejor que afrontar el descrédito social de los no veraneantes. Además, siempre podría decir que había estado en lo alto de un rascacielos. Solté los 1.645 euros y me fui para el pueblo a recoger el equipaje. Al fin iba a callar muchas bocas. Era un veraneante más, nadie podría señalarme.
Una vez en el lugar, estuve a punto de volverme. No sé lo que será subir al Everest, pero subir hasta El Nido cargado de bártulos es una odisea.. Encima se me cayó una de las bolsas al vacío, menos mal que era la de las toallas. Decidí recoger la bolsa el día siguiente, ni de coña bajaba para volver a subir. Una vez dentro de la casita, la verdad es que tenía su gracia si no fuese porque el techo era de uralita y allí hacía un calor impresionante, lo que intenté aliviar abriendo las ventanas para que corriese el viento. Con lo de las vistas, tenía razón Luis : mar y montaña. Estaba. tan alto que nadie tapaba mi visión, mar por delante y una cordillera de montañas por detrás. Al fin y al cabo, nadie se iba a enterar de que iba a pasar los días en tan precaria ubicación. La gente siempre cuenta su maravilloso veraneo, aunque vuelva divorciado y sin hablarse con sus compañeros de viaje.
El primer día tuve mi primer sobresalto. Estaba viendo por televisión un apasionante Teruel-Levante de pretemporada cuando, a través de la ventana veo a un tío con mono azul que me saluda con el casco que llevaba en la mano. Por su forma de mirarme, lo vi un poco abatido, como si hubiese subido con la intención de ver un par de nórdicas que le invitasen a pasar para tomarse un gin tónic. Al verme, continuó con su trabajo-llevaba la placa de Iberdrola en el mono azul- y ya no lo volvía a ver. La verdad es que se trataba de una visita inesperada, porque con la única persona que había quedado que vendría a visitarme era el encargado de La Estética del Perdedor Internacional, Reck O´Jones, que venía desde Copenague a pasar unos días conmigo para conocernos, pues nunca nos habíamos visto personalmente. Pero aún faltaban días para su llegada.
Al día siguiente estaba yo disfrutando viendo el Tarancón-Balompédica Conquense de fútbol femenino, cuando, por la ventana opuesta a la primera aparición, veo a dos niños, estos sí, con el casco puesto, que enarbolaban una bandera independentista con la cara de Puigdemont. Me asomé y comprobé que, efectivamente, se trataba de unos castellérs que al parecer no había encontrado mejor sitio para hacer el entrenamiento. Ya tenía decidido que a la vuelta debía visitar a Luis para decirle que de tranquilidad, nada.
Sin más sobresaltos fue pasando mi estancia, y cada vez subía y bajaba de la torre con mayor facilidad. Hay que tener en cuenta que los repartidores de Mercadona y de Glovo dejaban los pedidos abajo, por lo que cada vez que pretendía comer, tenía que bajar y subir cargado con la comida. MMe encontraba cada vez más ágil, hasta el punto de que estuve a punto de ofrecerme a los castellérs para hacer de niño con casco. Como eso no era viable, alternaba días de playa con caminatas por la montaña.
Un día decidí ir a una playa nudista, que no estaba lejos de El Nido. Me había enterado previamente de no existía inconveniente en ir con bañador, que el ambiente era muy tolerante. Así pues, me calcé el turbo azul modelo Mark Spitz que suelo lucir en la piscina del pueblo todos los veranos, camiseta sin mangas de LFDLR comprada en el mercadillo, y me tumbé encima de la toalla a leer El Mundo Deportivo. Cuando me di cuenta había un grupo de palomos que no me quitaba ojo, incluso diría que me lanzaban miradas lascivas. Ante esta situación decidí plegar el periódico con cuidado -la cultura hay que protegerla- y me lancé al agua a la carrera; al girarme vi que aquellos palomos volvían a su sitio todos ellos mostrando una evidente cojera.
Era una situación extraña para mí. En el pueblo ya tenían normalizado que yo acudiese de esa guisa a la piscina. En ese momento pude comprobar que es mucho más morboso lo que se intuye que lo que se muestra específicamente.
Cuando la situación se fue volviendo más tranquila, de repente veo que se dirige hacia la costa una embarcación llena hasta los topes de lo que sin ninguna duda eran africanos en busca de mejor fortuna. La impresión que debieron llevarse es que llegaban a una población habitaba por hombres primitivos. No creo que en África haya muchas playas reservadas para nudistas. Enseguida se personó la Cruz Roja, lo que aproveché para salir por a tangente de aquella playa, a la que bauticé con el nombre de El Palomar.
Seguí con mi estancia relajada en el El Nido, y cuando estaba viendo en el Canal de Castilla La Mancha la final del Trofeo Ciudad de Minglanilla, que disputaba el equipo local con el Almansa, sonó mi teléfono. Lo cogí y comprobé que me había llamado mi compañero Reck O´Jones, que ya había llegado y estaba a los pies de la torre negándose a seguir mis indicaciones para que subiera. Por teléfono me parecía un dandy. Nada de eso, al enfocar con mis prismáticos me veo a un tío con una camisa de cuadros y manga corta,, desabrochada dejando ver una barriga que hacía tiempo que había dejado de ser incipiente y una especie de bañador con palmeritas que se desplegaba hasta debajo de sus rodillas, tipo pirata, que hacía más tiempo aún que había dejado de ser nuevo.
Ante su negativa no me quedó más remedio que subirlo a caballito advirtiéndole todo el trayecto de que no mirase para abajo, pues tenía más vértigo que Hitchcok. De lo que no se desprendía era de una pesada bolsa que llevaba en la mano derecha. Una vez en la casa, me dijo que eran unas botellitas de whisky que había traído como obsequio. Se pasó dos días bebiendo aquellos destilados que si me descuido no llego ni a probar, advirtiéndome que la próxima vez que hacía el trayecto de la torre era el día que se iba para su casa. Y lo cumplió.
Cuando volví a casa después de mi octavo día en El Nido, por supuesto que dije a todo el mundo que había disfrutado de unas vacaciones maravillosas. Pongo la televisión y de después de ver las faltadas que se pegaban los políticos unos a otros mientras España ardía, una noticia: "Un cayuco llega hasta la costa española a la playa nudista de Vera ( Almería). Como poco, inquietante.
Salúdame al señor Jones.....jajajaj. muy bueno .
ResponderEliminarLo saludaré de tu parte, pero por teléfono. En persona me puede matar en dos ratitos.
EliminarAl menos tuviste vacaciones y las compartiste con Mr Jones. Enhorabuena
ResponderEliminarTodo iba bien hasta que apareció este figura y su bolsita. Muchas gracias.
EliminarVes... y tenías miedo de quedarte sin tu merecido y sobrevalorado descanso, como dice el líder de su propia oposición!! Por lo que cuentas, parecerías Indiana Jones acompañado de su primo ReckoJones
ResponderEliminarLo que más me ha sorprendido es que en la playa no hay servicios. En la piscina del pueblo, si te entran ganas vas al baño, pero en la playa....como para pegar un traguito ..
EliminarLa vuelta a casa bien?. Dile a D
ResponderEliminarLa vuelta a casa, bien Di le a D Luis Santonja qué se ande con cuidado, me comentan que los de airandbe van buscando niditos como este. Lo sé de buena tinta, he estado por la laguna de ga
ResponderEliminarllo canta durmiendo en un silo, y oigo cositas. El futbol lo has disfrutado bribón.EL SILO no tenía señal. Espero que nos veamos pronto y compartamos experiencias.Te lo has pasado bien eh, cabronazo.
El fútol es nuestro reducto. Nos da la vida. Macho Levante.
EliminarSolo te faltó hacerte unos selfies con el paisaje de fondo y colgarlo en Instagram. Te hubieras coronado en el pueblo
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